Cuidando

Cuidando (Patricia) – Julio 2017

Presentación

Cuidando se inició de una manera informal, a través del contacto con diferentes voluntarios independientes. En el inicio, yo me sensibilicé de manera especial con el tema a raíz del acuerdo de la UE con Turquía, y fue en este momento cuando comencé mi parte más activista e intenté hacer algo al respecto de la situación. Así, en un primer momento hice un texto que publiqué en el muro de mi facebook expresando una opinión personal de lo que estaba pasando. Para mi sorpresa, el texto se difundió y pronto lo habían suscrito unas 39.000 personas. Fue a raíz de ahí que decidí convocar una manifestación para el día 30 de marzo de 2016, en Plaza Cataluña, bajo el nombre de “Grito por los refugiados”, a la que acudieron unas 3.000 personas. Yo no tenía ni idea de que la convocatoria fuera a reunir a tanta gente, pero a partir de ahí fue que muchas conexiones se hicieron posibles y algo se empezó a gestar.

En un principio, apoyábamos convocatorias de otras entidades, como la manifestación que hizo Stop Mare Mortum en junio de 2016, o la acampada que tuvo lugar en Paseo de Gracia, también por aquellas fechas. Sin embargo, tenía la sensación de que cuando estas inicativas acababan todo volvía a la normalidad, y me quedaba con una sensación de vacío. Dado que yo soy psicóloga, nos preguntamos a qué podíamos contribuir desde nuestra posición en toda esta situación. En aquél momento habíamos entrado en contacto con muchos de los llamados “voluntarios independientes” (voluntarios que no están vinculados a ninguna organización) y habíamos visto que muchos de ellos volvían afectados de lugares como Grecia, sintiéndose incomprendidos por la sociedad aquí, fuera de lugar. Así que vimos en el apoyo a estas personas un lugar donde podíamos aportar.

En primer lugar, nos centramos en dar formación a voluntarios que iban a campos de refugiados y a atenderles a su vuelta a Cataluña. Esta es la parte que más ha ido creciendo, habiendo colaborado con muchos proyectos distintos ya establecidos, como Proactiva, el Open Cultural Center o el campo de Eleonas. Esta formación o asesoramiento también puede tomar la forma de supervisión de un proyecto de voluntariado, como en el caso del Open Cultural Center, proyecto con base en el campo de refugiados de Polykastro, en Grecia, al que hacemos un seguimiento desde la formación inicial a cómo se va desenvolviendo, por ejemplo, en asuntos como gestión y mediación de conflictos. Por otro lado, también damos atención a personas refugiadas que nos llegan, o bien rebotadas de otros servicios. Todo esto ha sido sido posible, hasta ahora, a través de proyectos o personas que se han ido poniendo en contacto con nosotros a través de la red informal que hemos ido formando, a través de nuestras visitas a Grecia y con el trabajo que hacemos aquí.

La “crisis de los refugiados”

La “crisis de refugiados” tiene que ver, por un lado, con las situaciones propias de cada País de los que vienen estas personas; y por otro lado, tiene que ver con la responsabilidad de Europa en esta situación y con la incompetencia para prestar una solución. En esta crisis Europa demuestra no haber aprendido nada de la historia, además de ser una “desagradecida”, ya que los europeos hemos tenido una larga historia de migración y de bienvenida en otras partes del mundo, Historia a la que ahora giramos la cabeza. En otro aspecto, la crisis refleja también las desigualdades que se van generando dentro de la Unión Europea, con la creación de un “embudo” que recoge toda la migración que llega a ella, situado en Italia y Grecia.

Lo que se demuestra con esta gestión de la situación es que la UE no tiene interés en la integración de las personas que están aquí. No quiere que nadie venga y eso se ve en la poca voluntad, motivada por intereses políticos y económicos, que ha demostrado a lo largo de estos acontecimientos.

La “crisis” para mujeres y para hombres

Por un lado, a los hombres les afecta porque son los que se ven obligados a migrar (en ocasiones vienen para evitar ser reclutados para el ejército), muchos de ellos siendo muy jóvenes. Los que hemos estado en las islas hemos visto que la mayoría de personas que cometen suicidios tienen este perfil. Por otro lado, las mujeres vienen en un número mucho menor, pero son muchísimo más maltratadas. Vienen de culturas en las que no ocupan el primer lugar dentro de la sociedad, y la situación con la que se encuentran cuando migran es mucho peor que la de los hombres.

En este sentido, algo que nos contaron los rescatistas de Proactiva Open Arms es que cuando rescataban a mujeres estas no les miran siquiera a los ojos. Después de pensar inicialmente que era pudor, más tarde se dieron cuenta de que era miedo. Así que habilitaron una zona especial en el barco para ellas, a la que no pueden acceder si no es con permiso.

La influencia de los medios de comunicación en la “crisis de los refugiados”

Los medios de comunicación han influído en toda esta situación para mal, provocando el miedo entre la población al vincular migración con terrorismo yihadista, y en especial en vincular a los hombres de rasgos árabes con imaginarios de “peligrosidad” o “amenaza”. Esto se ha visto recientemente en el atentado de Manchester, cuando se hizo énfasis de manera innecesaria en que la persona que realizó el atentado provenía de una familia de refugiados libios. Esta estrategia no es casual, sino que nos sirve para justificar las atrocidades que Europa comete en otros sitios. Se trata de argumentos que acaban convirtiendo a estas personas en “el enemigo”, o que extienden discursos como el de “van a venir y nos van a quitar cosas”, o “nos van a invadir”.

Este tipo de discursos presentes en los medios nos influyen de manera importante. Somos fácilmente sugestionables a menos que se nos proporcionen herramientas para cambiar de opinión. Aunque algunos medios sí que muestren la realidad de lo que está pasando, estos son cómplice de la injusticia de esta situación cuando no muestran toda la verdad de la crisis migratoria, así como con otras desgracias que tienen lugar en el mundo.

No obstante, los medios también han influído a la hora de generar una respuesta de la población ante la “crisis”. Aunque lo han hecho para movilizar a las personas que ya tenían una sensibilidad al respecto. En este sentido, si hemos visto manifestaciones tan grandes, ha sido también debido a un elemento cultural propio catalán: el cooperativismo y el asociacionismo. Por este motivo ha habido una preeminencia de voluntarios catalanes en Grecia. Diría que hemos sido el 70% de los españoles que estábamos allí, y un 60% de todos los voluntarios. Hay un elemento de esta cultura que lo ha visto de cerca y se ha identificado con la situación; y no solo con los sirios, sino también con el pueblo griego. Muchas personas jóvenes que se encontraban sin trabajo han decidido hacer algo de utilidad e ir a Grecia de voluntarias. Y en todo esto, la mediatización de la situación ha jugado un papel importante. Por ejemplo, lo pudimos ver en el caso de Idomeni, momento que fue el pico de importancia mediática de la situación, y también el punto de más afluencia de voluntarios hacia Grecia.

La solidaridad en la “crisis de los refugiados”

Pese a la complejidad de la situación, creo que la respuesta ha sido admirable. Han sido muchas las personas que han decidido movilizarse para ayudar a otras que lo necesitaban.

Si tuviera que pensar en qué ha motivado toda esta solidaridad, creo que ha sido clave un sentimiento general de injusticia e impotencia. En mi caso, tuvo que ver con estas sensaciones pero además con un sentido de memoria histórica. Yo soy hija de emigrantes: mis padres y mis abuelos huyeron de la España de la Guerra Civil, acabaron en Francia y más tarde en Venezuela… hasta que yo cumplí 18 años y nos vinimos aquí. La historia de mi familia muestra como en aquella época se les daban todas las oportunidades a las personas que migraban. Todo esto me genera un sentimiento de impotencia, de injusticia.

Por lo que respecta al trabajo que realizamos nosotros con voluntarios que viajan a Grecia, un elemento que nosotros hemos visto como importante es vínculo que estos establecen con las personas refugiadas. La situación que se encuentran las personas que viajan para hacer un voluntariado ha cambiado: en Idomeni, por ejemplo, la situación era de una emergencia tan grande que se trabajaba para garantizar necesidades básicas, hubo que construir de cero un sistema que fuera sostenible; ahora, sin embargo, la situación ha cambiado, y la persona voluntaria no va a allí a “salvar el mundo”, no se encuentra con una situación en la que se sientan útiles. Esto hace que en ocasiones se tenga la sensación de que la aportación que se puede hacer parezca nimia frente a la situación de estancamiento que allí se vive, y este choque de las expectativas con la realidad acaba haciendo que los vínculos que se generan sean más fuertes.

Este vínculo tiene cosas muy buenas, pero también otras malas, cuando movidos por la frustración de la injusticia que allí se vive llegan a comprometerse a cosas que en realidad no pueden asumir. En estos contextos tan extremos no funcionamos de forma normal, y por tanto algunas decisiones que se toman se vuelven más tarde difíciles de gestionar ante la rutina.

Al final, como decíamos, con todas estas complejidades que no es fácil juzgar, la respuesta ha sido admirable.

La sensibilidad a las diferentes experiencias de hombres y mujeres en la respuesta solidaria

Creo que esta respuesta ha sido en general sensible a las diferentes necesidades de hombres y de mujeres. En lugares como los campos de refugiados se ha entendido que las mujeres necesitan sus propios espacios, que son más vulnerables y que además en ellas recae el cuidado de los niños.

El mapa de la solidaridad en Cataluña

En este mapa habría una diferencia de experiencias entre los grupos que llevan un tiempo trabajando la temática y otros nuevos que han surgido a raíz de esta situación.

Dentro estas nuevas, destacan algunas iniciativas como la de Eko, que fue un ejemplo muy bueno de cómo lograr un proyecto que huyera de lo asistencialista y que tratara de establecer estructuras de autogestión entre las personas con las que trabajan. Con otras como refugiARTe colaboramos frecuentemente: somos hermanas. Asesoramos y supervisamos la labor de ellos voluntarios, por ejemplo trabajando el tema del ajuste expectativas de las personas que participan. También nos presentamos como partners a proyectos.

Y con algunos otros hemos intentado colaborar, pero en ocasiones nos resulta difícil por el peso y la urgencia que adquieren las situaciones con las que se trata. Este tema de la urgencia lo cuentan muchos otros voluntarios. Aquí, en cambio, la situación es distinta. Donde más sentimos que tenemos que trabajar el tema de la urgencia es con los refugiados que viven aquí. Muchos de ellos tienen la sensación de que su vida se encuentra detenida al no tener permiso de residencia ni de trabajo.

En todo esto echo de menos especialmente a Exil, quizás porque por cuestiones de afinidad profesional los tengo muy presentes. Pienso que el servicio que dan es bastante completo, ya que, además de la atención psiquiátrica y psicoterapéutica que dan, también tienen una persona como trabajador social que se ocupa cuestiones como esta incertidumbre, o la vivienda. Porque los tengo en estima y porque creo que centralizan otros recursos presentes, los pondría en el centro.

El caso de la campaña Casa Nostra, Casa Vostra fue algo excepcional, siendo una gran parte de su éxito explicable porque los coordinadores tienen contactos en TV3 a los que consiguieron involucrar. Con todo, creo que después podrían haber utilizado mejor toda la influencia que lograron. Nosotros apoyamos las movilizaciones, pero al final quedamos algo decepcionados. Movilizar a tantas personas supone un éxito, pero es una lástima que toda esta energía no se utilizase para crear algo nuevo.

Finalmente, a las instituciones las pondría de espaldas a toda esta situación, porque esa ha sido lo que han demostrado. Sin embargo, todo sea dicho, hemos tenido distintas experiencias en cuanto a tratos y formas con algunas como el Ayuntamiento o la Generalitat. Mientras que con los primeros no hemos tenido buena comunicación, encontrándoles más a la defensiva, los segundos se han mostrado más predispuestos a trabajar, escuchándonos y valorando el trabajo que llevamos a cabo. Aunque tengan esta predisposición, sin embargo, la Generalitat está atada de manos y pies. Tienen un programa de “mentoría” para refugiados que consiste en preparar a personas para que realicen acompañamientos en la integración de las personas que vienen…pero falta algo: falta que vengan refugiados. Sin la colaboración del Estado, que no les presta ninguna atención en las propuestas que reciben, y esto les resulta muy frustrante y desanimador.

Lo que hemos visto en estos años ha sido un choque entre la idealización de la situación y la realidad: de 2015, donde Ada Colau explicaba que se planeaba recibir a miles de refugiados en el Forum, a la falta de llegadas reales de personas. Desde entonces, se han creado partidas presupuestarias, existe una sensibilidad común a la bienvenida de demandantes de asilo y, sin embargo… falta algo: la “persona refugiada”.

El futuro de este mapa

Lo cierto es que no creo que cambie nada. Si bien es cierto que se pueden ir haciendo cosas (o más bien parches), la esencia del problema seguirá siendo la misma.

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